A las puertas de la primera ola de calor del verano, con la que buena parte del país alcanzará temperaturas de 40°C y las noches tropicales serán generalizadas (con mínimas por encima de los 20°C), una investigación en curso del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas de la UAB (IGOP) confirma que la exposición al calor va por barrios. En las grandes ciudades españolas, vivir en un barrio desfavorecido supone, de media, sufrir más calor que en un barrio acomodado. No es una anécdota. Es un patrón sistémico que se repite en Barcelona, Madrid, Valencia y Sevilla, aunque con distinta intensidad.
El estudio, enmarcado en el proyecto ADIS (Adaptació al Canvi Climàtic en Barris Desafavorits), ha analizado datos del caluroso verano de 2022. Los resultados muestran que los barrios con rentas más bajas, con alta densidad urbana y configurados por polígonos de viviendas registran sistemáticamente las temperaturas más altas. Esta asociación se ha hallado cruzando el Índice de Vulnerabilidad Urbana (IVU) desarrollado por el Institut Metròpoli con dos indicadores de temperatura: la Temperatura Superficial del Suelo (LST), medida con datos de satélite, y el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI), que estima el confort térmico real que percibe una persona. En ambos casos se encuentra una correlación positiva entre la vulnerabilidad urbana y la exposición a las altas temperaturas.
Las brechas, ciudad por ciudad
El estudio cuantifica la diferencia entre barrios vulnerables y no vulnerables. Las brechas más pronunciadas se dan en Barcelona (+0,98 °C en LST y +0,56 °C en UTCI) y Valencia (+0,81 °C en LST y
+1,08 °C en UTCI). Madrid presenta una brecha intermedia (+0,58 °C en LST y +0,42 °C en UTCI). Esta brecha, que puede parecer pequeña, es enorme en términos de confort y salud. Un grado centígrado puede marcar la frontera entre una noche en la que el cuerpo se recupera y una noche tropical que pone el corazón bajo estrés constante.
En Sevilla, el patrón se atenúa notablemente: la brecha es de +0,35 °C en LST y de -0,09 °C en UTCI. Esta atenuación se explica por la mayor homogeneidad climática intraurbana de la ciudad, donde prácticamente todos los barrios registran temperaturas igualmente muy elevadas. Aun así, la tendencia general apunta en la misma dirección.
Más de 3,7 millones de personas atrapadas en «puntos calientes»
El estudio localiza con precisión los barrios donde confluyen vulnerabilidad y calor extremo. En cada área metropolitana, el patrón se repite con nombres distintos pero con la misma lógica:
- Área Metropolitana de Barcelona: más de 000 personas en los ejes Llobregat y Besòs.
- Área Metropolitana de Madrid: más de 2 millones en el sur de la capital (Vallecas, Carabanchel, Usera) y en Móstoles, Leganés o Alcalá.
- Área Metropolitana de Valencia: más de 000 en Torrent, Xirivella o Paterna.
- Área Metropolitana de Sevilla: más de 000 en el sureste de la capital y en Coria, Alcalá de Guadaíra o Los Palacios.
En total, más de 3,7 millones de personas de las cuatro principales áreas metropolitanas de España viven en barrios que concentran la peor combinación de desventaja social y temperaturas extremas.
Petición de políticas públicas específicas
Conscientes de que las olas de calor ya no son fenómenos excepcionales, sino que configuran una nueva normalidad, los investigadores instan a las administraciones a actuar para no condenar a los más desfavorecidos a tener que soportar un calor cada vez más extremo. Abogan por una discriminación territorial positiva: las inversiones en refugios climáticos, arbolado, pavimentos reflectantes y mejora de viviendas deben concentrarse en estos puntos calientes.
En este sentido, el Catedrático de Geografía y responsable de la investigación, Marc Parés, apunta que “iniciativas como la actual ley de barrios en Cataluña es una gran oportunidad para impulsar políticas climáticas en los barrios más vulnerables”; además, afirma que “las políticas de regeneración urbana deberían ampliar los refugios climáticos y la escasa infraestructura verde de estos territorios, pero también debería destinar recursos a mejorar la eficiencia energética de los edificios y entrar en las viviendas para dignificar las condiciones de vida de su población”.
La brecha de adaptación agrava la injusticia
El estudio también advierte que la exposición real puede ser aún mayor. Los residentes de estos barrios no solo viven en un entorno más cálido, sino que tienen mucha menos capacidad para protegerse de él:
- Muchos inquilinos no pueden instalar aire
- Buena parte de la población trabaja en el exterior (construcción, reparto, limpieza) sin climatización.
- Incluso cuando el aire acondicionado es una opción, no pueden asumir la factura eléctrica.
En este sentido, el investigador del IGOP Andrei Turlea denuncia que «la brecha real de exposición es mucho mayor de lo que estamos midiendo: un residente de un barrio desfavorecido no solo vive en un entorno más cálido, sino que a lo mejor trabaja en la calle bajo el sol y vuelve a casa a una vivienda que a menudo es un horno”.
Un patrón estructural en todo el Estado
La propia investigación se ha desarrollado en las principales áreas metropolitanas españolas y demuestra que esta situación no es exclusiva de Barcelona. En Madrid, más de 2 millones de personas viven en similares condiciones en Vallecas, Carabanchel y Usera. Valencia y Sevilla presentan el mismo patrón, con cientos de miles de residentes atrapados en áreas urbanas históricamente segregadas y amplificadoras del calor.
Este estudio se encuentra en fase de elaboración, se comparte ahora ante la urgencia de la actual crisis. El IGOP-UAB es un centro de investigación en políticas públicas. El proyecto ADIS está financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.









